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Competencias tecnológicas preparadas para el futuro en un mercado laboral de la IA en constante evolución

Competencias tecnológicas preparadas para el futuro en un mercado laboral de la IA en constante evolución

Más que acabar con los puestos de trabajo en el sector tecnológico, la IA los está transformando para favorecer a aquellos profesionales que combinan sus conocimientos sobre datos y la nube con curiosidad, empatía y visión empresarial.

Empecé en el mundo de la tecnología en una época en la que escribir código limpio, gestionar la infraestructura y dominar un lenguaje de programación específico podía garantizar una carrera profesional de varias décadas. Cada gran cambio, desde la informática cliente-servidor hasta Internet, y desde la virtualización hasta la nube, trajo consigo tanto cambios radicales como oportunidades. En lugar de desaparecer, los profesionales que evolucionaron fueron los que mantuvieron la curiosidad, la capacidad de adaptación y el enfoque en los resultados empresariales.

Hoy en día, mucha gente percibe la inteligencia artificial de forma diferente. Lo oigo y lo comento a diario en conversaciones con directores de sistemas de información (CIO), directores de recursos humanos (CHRO) y tecnólogos en todas las etapas de su carrera. Existe un temor real a que la IA vacíe de contenido los puestos de trabajo tecnológicos, especialmente los de nivel inicial, y concentre el valor en un número más reducido de puestos de élite. Entiendo esa preocupación: la IA ya automatiza las tareas rutinarias de programación, pruebas y procesamiento de datos a un ritmo que no se había visto antes.

Pero tras décadas de observación de cómo la tecnología ha transformado el trabajo y tras innumerables conversaciones con clientes que afrontan ese cambio, no creo que nos dirijamos hacia un futuro sin empleo, sino hacia una transformación de las competencias. Algunos puestos desaparecerán. Otros crecerán. Surgirán puestos completamente nuevos. Las organizaciones que tengan éxito serán aquellas que actúen ahora para adaptar sus estrategias de talento a cómo la IA está cambiando realmente el trabajo, y no a cómo sugieren los titulares que lo está haciendo.

Cuando hablo con CIO de distintos sectores, se observan algunos patrones recurrentes. En primer lugar, se reducen los puestos centrados en la ejecución de tareas rutinarias. El mantenimiento básico de aplicaciones, la programación repetitiva, la preparación manual de datos y el control de calidad sencillo se gestionan cada vez más mediante herramientas basadas en la IA. Ese cambio afecta de manera desproporcionada a los profesionales tecnológicos que se encuentran en las primeras etapas de su carrera, quienes históricamente han aprendido a través de la repetición y la exposición a tareas fundamentales. Ese es un verdadero reto que se debe reconocer y abordar mediante una mejor incorporación, tutoría y mejora estructurada de las competencias.

Al mismo tiempo, la demanda de puestos más cercanos a la toma de decisiones y al diseño de sistemas aumenta considerablemente. Los ingenieros de aprendizaje automático e IA, los profesionales de datos y análisis, los especialistas en la nube y DevOps, los responsables de ciberseguridad y los diseñadores de UX/UI experimentan un crecimiento sostenido. Se trata de puestos que requieren personas capaces de enmarcar los problemas, trabajar en distintos ámbitos y evaluar los resultados. No se trata sólo de ejecutar instrucciones.

También se asiste a la creación de puestos totalmente nuevos. Hace cinco años no existían en la mayoría de las organizaciones títulos como “responsable de ética de la IA”, y “estratega de interacción humano-IA”. Hoy en día, se están convirtiendo en imprescindibles a medida que las empresas se enfrentan a cuestiones de gobernanza, confianza, sesgos y el impacto humano de la automatización. La idea central es sencilla: la IA no está eliminando la necesidad de tecnólogos, sino que está elevando el listón en cuanto a lo que los tecnólogos deben saber y cómo aportan valor.

Los CIO deberían centrarse menos en buscar herramientas concretas y más en desarrollar conjuntos de competencias: combinaciones de habilidades que sigan siendo valiosas incluso cuando cambien las plataformas. Esas son las competencias técnicas que serán más importantes en los próximos años.

Aunque el dominio de la IA ya no es opcional: no todo el mundo tiene que entrenar grandes modelos de lenguaje desde cero. Lo que las organizaciones necesitan son profesionales capaces de formular los problemas adecuados para la IA, gestionar flujos de datos, evaluar los resultados de los modelos y explicar dichos resultados a las partes interesadas sin conocimientos técnicos.

Habilidades como la ingeniería de prompts, la búsqueda vectorial y las prácticas responsables en materia de IA se están convirtiendo en fundamentales. En cuanto a las herramientas, es básico estar familiarizado con Python, TensorFlow, PyTorch y los servicios de IA basados en la nube en las principales plataformas. Las certificaciones pueden ayudar, pero se considera mucho más importante la experiencia práctica en la aplicación de la IA a problemas empresariales reales.

La IA es tan buena como los datos en los que se basa. Por eso, las habilidades en datos y análisis siguen cobrando importancia. Los profesionales más valiosos son aquellos que pueden tomar conjuntos de datos grandes y desordenados, aplicar análisis avanzados o aprendizaje automático y traducir los conocimientos obtenidos en acciones concretas.

Las herramientas de visualización como Power BI, Tableau y Looker Studio siguen siendo importantes, al igual que los lenguajes básicos como SQL, Python y R. Pero lo que marca la diferencia es la capacidad de vincular los conocimientos obtenidos con las decisiones empresariales. La alfabetización en datos en toda la organización, no sólo en los equipos de análisis, marcará cada vez más la diferencia entre los líderes y los rezagados.

La IA lo acelera todo, incluida la necesidad de una infraestructura escalable y resiliente. Gestionar entornos híbridos y multinube, automatizar las implementaciones y garantizar la seguridad a gran escala ya no son habilidades de nicho. Se considera un requisito imprescindible el dominio de plataformas como AWS, Azure y Google Cloud, combinado con herramientas como Kubernetes y Terraform. Lo que está cobrando aún más valor es la capacidad de diseñar arquitecturas que equilibren velocidad, coste, cumplimiento normativo y sostenibilidad. DevOps ya no se limita a lanzamientos más rápidos; se trata de inteligencia operativa.

A medida que la IA amplía la superficie de ataque, las competencias en ciberseguridad evolucionan rápidamente. Se observa una creciente demanda de profesionales que comprendan las amenazas relacionadas con la IA, los mecanismos de defensa automatizados y los modelos de seguridad centrados en la identidad. Los CIO deberían invertir en formación continua en ese ámbito, y no limitarse a certificaciones puntuales. El panorama de las amenazas cambia demasiado rápido como para conformarse con un conjunto de habilidades estático.

Uno de los mayores errores que cometen las organizaciones es creer que pueden subsanar la brecha de competencias con sólo contratar personal. El mercado de talento actual no funciona así. La competencia es feroz, los puestos evolucionan rápidamente y los conocimientos especializados son más difíciles de encontrar que nunca. Los líderes coinciden cada vez más en esa realidad en todos los sectores: resolver los retos de contratación requiere invertir en el personal con el que ya cuentan, no sólo competir por el mismo y limitado grupo de talentos.

Se observa que el mayor éxito se consigue cuando las empresas crean trayectorias claras que llevan de puestos en declive a otros en crecimiento. Eso implica combinar la formación técnica con experiencia real en proyectos, tutoría y tiempo para aprender. También significa replantearse cómo el talento en los inicios de su carrera profesional adquiere experiencia cuando las tareas básicas se automatizan. Los programas de rotación, los programas de formación profesional y el trabajo supervisado y potenciado por la IA pueden cubrir esas carencias.

A medida que la IA asume más tareas de ejecución técnica, las habilidades centradas en el ser humano se convierten en una ventaja competitiva. Eso es algo en lo que se hace mucho hincapié en Dexian y que se ve reflejado en lo que transmiten tanto los empleadores como los empleados. Por ejemplo, el 85 % de los líderes empresariales y el 87 % de los trabajadores coinciden en que sus organizaciones dan más importancia a las habilidades humanas, además de a los conocimientos técnicos.

Los diseñadores de UX y UI son excelentes ejemplos. Diseñar experiencias inclusivas e intuitivas requiere empatía, creatividad y conciencia cultural, capacidades en las que la IA puede ayudar, pero que no puede replicar. Lo mismo ocurre con puestos como los de gestores de producto, líderes del cambio y estrategas de la interacción entre humanos e IA, que se sitúan en la intersección entre la tecnología, la ética y la ejecución empresarial.

Esos profesionales se aseguran de que la IA mejore la interacción humana en lugar de mermarla. Se plantean preguntas como: ¿Cómo afecta ese sistema a la confianza? ¿Cómo mantener a las personas al tanto de lo que ocurre? ¿Cómo medir el éxito más allá de la eficiencia? La creatividad, la comunicación, la inteligencia emocional, la resiliencia y el aprendizaje permanente ya no son “habilidades blandas”, sino fundamentales en una organización centrada en la IA.

Una lección es que la tecnología nunca se detiene y nosotros tampoco podemos hacerlo. La IA seguirá transformando la plantilla tecnológica de formas que no se puede predecir por completo. Pero la dirección está clara: menos puestos altamente especializados y más puestos polifacéticos. Menos énfasis en la ejecución mecánica y más en el criterio, la integración y el impacto.

Un consejo para los CIO: empezar por una evaluación honesta de cómo la IA ya está cambiando el trabajo dentro de la organización; identificar qué puestos corren el riesgo de quedar obsoletos y qué capacidades serán las más importantes dentro de tres a cinco años; invertir de forma decidida en la mejora de las competencias, especialmente en el talento que se encuentra al inicio de su carrera; y no subestimar el poder de las habilidades humanas para diferenciar a su organización en un mundo en el que la tecnología se está convirtiendo cada vez más en un producto básico.

La IA no supone el fin de las carreras tecnológicas. Es el siguiente capítulo. Los líderes que acepten esa realidad y preparen a su personal en consecuencia darán forma no sólo al futuro de las TI, sino al futuro del trabajo en sí mismo.

Referencias

• Maruf, Ahmed. 27 de octubre de 2026. Competencias tecnológicas preparadas para el futuro en un mercado laboral de la IA en constante evolución. CIO. https://www.cio.com/article/4241191/competencias-tecnologicas-preparadas-para-el-futuro-en-un-mercado-laboral-de-la-ia-en-constante-evolucion.html

Sobre el autor

MSc. Ing. Carlos del Porto Blanco

Ingeniero y académico con una destacada trayectoria en el ámbito de la informática y la educación superior. Graduado en 1983 como ingeniero en Sistemas Automatizados de Dirección por la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (Cujae), ha dedicado más de cuatro décadas a la docencia, la investigación y la divulgación científica. A lo largo de su carrera ha ocupado diferentes categorías docentes, alcanzando la condición de Profesor Auxiliar en la Cujae —ratificada en 2020— y desempeñándose también como profesor en la Universidad de Guadalajara y el Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Su labor docente abarca una amplia gama de asignaturas relacionadas con la arquitectura de computadoras, sistemas operativos, programación y ciberseguridad, evidenciando una sólida formación técnica y pedagógica. En el ámbito internacional, ha impartido cursos en Argentina y Bolivia, incluyendo formación en arquitectura de microprocesadores, teleinformática e inteligencia artificial en programas de maestría. Su contribución a la formación de profesionales incluye la tutoría de más de 25 tesis de ingeniería y la participación como oponente en programas de posgrado. Su producción intelectual es especialmente notable, con más de 790 artículos publicados en medios académicos y de divulgación, así como una activa participación en eventos científicos y conferencias magistrales. Además, ha extendido su impacto más allá del ámbito académico como analista en programas televisivos y asesor en producciones audiovisuales. Actualmente, se desempeña como Profesor Auxiliar en la Cujae y en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, consolidando una carrera caracterizada por la combinación de rigor académico, vocación docente y compromiso con la divulgación del conocimiento tecnológico.
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