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McKinsey: solo el 37% atribuye a la IA un efecto positivo sobre el EBIT

La inteligencia artificial se utiliza en más áreas de las empresas, pero esa expansión todavía no se refleja de forma generalizada en sus resultados financieros. Esa es una de las principales conclusiones de la encuesta global sobre el estado de la IA en 2026 publicada por McKinsey el 25 de agosto.

El estudio recibió respuestas de 1719 participantes de 97 países entre el 4 de mayo y el 8 de junio de 2026. Los datos fueron ponderados de acuerdo con la contribución de cada país al producto interno bruto mundial. El 36 % de los consultados trabajaba en organizaciones con ingresos anuales superiores a los mil millones de dólares.

Casi nueve de cada diez participantes afirman que su organización utiliza IA regularmente en al menos una función. El 44 % declara que la tecnología ya se está escalando en toda la empresa, frente al 38 % registrado un año antes. La proporción llega al 54 % entre las compañías con ingresos superiores a los mil millones de dólares, mientras que entre las organizaciones más pequeñas se sitúa en aproximadamente un tercio.

La diferencia por tamaño también aparece en la adopción de agentes de IA. El 40 % de los participantes procedentes de grandes organizaciones señala que su empresa está escalando agentes en una o más funciones, frente al 27 % del año anterior. Entre las organizaciones más pequeñas, el indicador permaneció prácticamente estable en el 22 %.

Las funciones donde se informa un mayor avance son tecnología de la información, gestión del conocimiento e ingeniería de software. Además, el 32 % de los encuestados afirma que su organización descartó la compra de al menos un producto o función de software porque podía desarrollarlo internamente con herramientas de programación basadas en agentes.

El dato sugiere una posible modificación de los presupuestos tecnológicos, pero no equivale a una medición del mercado de software. Refleja las respuestas de los participantes y no un registro auditado de compras canceladas.

El 80 % de los consultados considera que la IA mejoró su productividad individual y cerca de la mitad afirma que le permitió tomar mejores decisiones. Sin embargo, solo el 37 % atribuye a la tecnología algún efecto positivo sobre el EBIT, el resultado antes de intereses e impuestos. La proporción prácticamente no cambió respecto de 2025.

McKinsey clasifica como organizaciones de alto desempeño en IA a aquellas que atribuyen al menos un 5 % de su EBIT al uso de la tecnología y describen su impacto como significativo. Ese grupo representa apenas el 6 % de la muestra. Sus integrantes informan con mayor frecuencia que rediseñan procesos completos, buscan crecimiento además de eficiencia y establecen mecanismos para medir resultados. La encuesta muestra una asociación entre esas prácticas y un mayor impacto, pero no permite demostrar una relación causal.

La distancia entre adopción y resultados también aparece en un documento de trabajo difundido por NBER, basado en respuestas de casi 6000 directivos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Australia. Aunque el 69 % de las empresas utilizaba IA, el 89 % no informó efectos sobre la productividad laboral durante los tres años anteriores. Las metodologías y poblaciones de ambos estudios son distintas, por lo que sus porcentajes no son directamente comparables.

Uno de cada cinco participantes en la encuesta de McKinsey sostiene que los costos operativos, incluidos los asociados al consumo de tokens, limitaron el uso de IA en su organización. Aun así, el 60 % espera que su empresa aumente la inversión durante el próximo año.

El control de esos gastos será especialmente relevante para los agentes que ejecutan secuencias prolongadas de acciones. Un estudio del Stanford Digital Economy Lab sobre tareas de programación encontró que el consumo de tokens podía variar hasta 30 veces al repetir una misma tarea. Los investigadores también observaron que un mayor consumo no producía necesariamente una precisión superior.

El 14 % de los participantes de organizaciones que utilizan IA afirma que la tecnología contribuyó a reducir la plantilla durante el último año. La cifra es menos de la mitad del 32 % que, en la encuesta anterior, esperaba una reducción para ese periodo.

Pese a esa diferencia entre expectativas y resultados, el 39 % anticipa una disminución del empleo durante el próximo año, mientras que el 43 % espera pocos cambios o ninguno. El estudio de NBER ofrece otra señal de cautela: más del 90 % de sus participantes no atribuyó a la IA cambios en el empleo durante los tres años anteriores, aunque los directivos sí esperaban efectos mayores hacia el futuro.

Los resultados describen una adopción más amplia, un avance desigual de los agentes y una presión creciente por demostrar retornos y controlar costos. No obstante, se basan en percepciones autodeclaradas de profesionales y ejecutivos, no en auditorías financieras o técnicas de cada organización.

El AI Index 2026 de Stanford recomienda interpretar los indicadores empresariales basados en encuestas como datos orientativos y no como una medición completa del mercado. Bajo esa precaución, el informe de McKinsey apunta a que la siguiente etapa de adopción dependerá menos del acceso a herramientas y más de la capacidad para rediseñar procesos, medir resultados y administrar los costos de operación.

Referencias

• McKinsey: solo el 37% atribuye a la IA un efecto positivo sobre el EBIT. 2026 agosto 26. DiarioTI. Obtenido de: https://diarioti.com/impacto-financiero-ia-empresas-mckinsey/126462

Sobre el autor

MSc. Ing. Carlos del Porto Blanco

Ingeniero y académico con una destacada trayectoria en el ámbito de la informática y la educación superior. Graduado en 1983 como ingeniero en Sistemas Automatizados de Dirección por la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (Cujae), ha dedicado más de cuatro décadas a la docencia, la investigación y la divulgación científica. A lo largo de su carrera ha ocupado diferentes categorías docentes, alcanzando la condición de Profesor Auxiliar en la Cujae —ratificada en 2020— y desempeñándose también como profesor en la Universidad de Guadalajara y el Instituto Superior de Relaciones Internacionales. Su labor docente abarca una amplia gama de asignaturas relacionadas con la arquitectura de computadoras, sistemas operativos, programación y ciberseguridad, evidenciando una sólida formación técnica y pedagógica. En el ámbito internacional, ha impartido cursos en Argentina y Bolivia, incluyendo formación en arquitectura de microprocesadores, teleinformática e inteligencia artificial en programas de maestría. Su contribución a la formación de profesionales incluye la tutoría de más de 25 tesis de ingeniería y la participación como oponente en programas de posgrado. Su producción intelectual es especialmente notable, con más de 790 artículos publicados en medios académicos y de divulgación, así como una activa participación en eventos científicos y conferencias magistrales. Además, ha extendido su impacto más allá del ámbito académico como analista en programas televisivos y asesor en producciones audiovisuales. Actualmente, se desempeña como Profesor Auxiliar en la Cujae y en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, consolidando una carrera caracterizada por la combinación de rigor académico, vocación docente y compromiso con la divulgación del conocimiento tecnológico.
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